XXV
De la corriente, el pulso ciego,
remonta en índigos palpitantes,
una embarcación muerta
llena de hambreados fantasmas.
Los antiguos habitantes de palmas ocres,
los monstruosos guerreros de piedra
hechos en un solo bloque,
los egipcios con tortícolis,
los hindúes retorcidos,
los árabes de filigrana.
Todas las banderas ondean en mi sangre,
todas las matanzas se trenzan en mi pelo,
y de todas las agonías
se duele mi memoria.

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