ℕ𝕆𝕍𝔼𝔻𝔸𝔻 𝕃𝕀𝕋𝔼ℝ𝔸ℝ𝕀𝔸
𝑼𝒏𝒂 𝒔𝒂𝒈𝒂 𝒊𝒏𝒆𝒗𝒊𝒕𝒂𝒃𝒍𝒆
𝐉𝐚𝐜𝐪𝐮𝐞𝐥𝐢𝐧𝐞 𝐒𝐞𝐥𝐥𝐚𝐧 𝐁𝐨𝐝𝐢𝐧 𝐲 𝐞𝐥 𝐧𝐚𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚𝐬
Hay historias que nacen con un destino definido y otras que, sin haber sido concebidas como tales, terminan encontrando su propio camino. La obra de Jacqueline Sellan Bodin pertenece a esta segunda categoría. Lo que comenzó con 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐣𝐨 𝐜𝐨́𝐧𝐜𝐚𝐯𝐨 como una novela independiente terminó convirtiéndose, casi sin que su autora pudiera evitarlo, en el origen de una saga protagonizada por unos personajes que, en realidad, son mucho más que personajes.
𝐽𝑢𝑙𝑖𝑎́𝑛 𝑒 𝐼𝑠𝑚𝑒𝑛𝑖𝑎 𝑠𝑜𝑛, 𝑛𝑎𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝐽𝑜𝑟𝑔𝑒 𝑦 𝐽𝑎𝑐𝑞𝑢𝑒𝑙𝑖𝑛𝑒.
En 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐣𝐨 𝐜𝐨́𝐧𝐜𝐚𝐯𝐨, la autora mezcló experiencias reales, recuerdos y fantasías, llevando la acción a dos territorios especialmente significativos: Zitácuaro y Valdivia. A medida que avanzaba la escritura, aquellos lugares y aquellos personajes fueron adquiriendo una dimensión propia. La novela dejó de ser únicamente una obra literaria para convertirse en un espacio nuevo, un territorio imaginario en el que Jacqueline y Jorge podían continuar compartiendo la vida, recuperar recuerdos y, al mismo tiempo, emprender nuevas aventuras.
Fue entonces cuando apareció 𝐋𝐚 𝐠𝐚𝐫𝐳𝐚 𝐚𝐳𝐮𝐥.
Y con ella volvió a ocurrir lo inevitable: Julián e Ismenia regresaron.
La autora intentó, sin éxito, apartarse de ellos y construir otros personajes. Pero aquellos dos protagonistas se habían impuesto ya a cualquier otro intento de creación o recreación. Eran ellos —eran ellos dos— quienes reclamaban continuar la historia. Así nació una saga que no había sido planeada y cuyo recorrido, todavía hoy, permanece abierto.
Después de 𝐋𝐚 𝐠𝐚𝐫𝐳𝐚 𝐚𝐳𝐮𝐥 llegó 𝐋𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬. Más tarde, 𝐄𝐥 𝐭𝐚𝐥𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐩𝐢́𝐫𝐢𝐭𝐮𝐬. Después, 𝐄𝐥 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐇𝐞𝐫𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 y 𝐂𝐚𝐬𝐚𝐬 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚𝐝𝐚𝐬. Cada nueva novela fue ampliando ese universo narrativo y revelando fragmentos de una historia mayor.
La particularidad de esta saga reside también en su dimensión temporal. La mayoría de las novelas transcurren antes de los acontecimientos narrados en 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐣𝐨 𝐜𝐨́𝐧𝐜𝐚𝐯𝐨. De este modo, las obras van construyendo, poco a poco, una cronología propia, un recorrido que permite al lector descubrir el pasado de sus personajes y comprender cómo fueron tomando forma sus vidas, sus vínculos y sus aventuras.
En ese recorrido, 𝐋𝐚 𝐠𝐚𝐫𝐳𝐚 𝐚𝐳𝐮𝐥 ocupa, hasta ahora, el primer lugar.
Por ello, Jacqueline Sellan Bodin ha querido que sea el número 1 de esta historia construida a partir de muchas historias. Una decisión que encierra también una idea esencial sobre su manera de entender la literatura: la existencia misma nunca es una narración lineal, sino una suma de recuerdos, encuentros, pérdidas, descubrimientos y caminos que se cruzan.
El orden cronológico de la saga queda establecido, por ahora, de la siguiente manera: 𝐋𝐚 𝐠𝐚𝐫𝐳𝐚 𝐚𝐳𝐮𝐥, 𝐋𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐄𝐥 𝐭𝐚𝐥𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐩𝐢́𝐫𝐢𝐭𝐮𝐬, 𝐄𝐥 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐇𝐞𝐫𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨, 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐣𝐨 𝐜𝐨́𝐧𝐜𝐚𝐯𝐨 𝐲 𝐂𝐚𝐬𝐚𝐬 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚𝐝𝐚𝐬.
Seis títulos que forman un único universo y, al mismo tiempo, seis historias capaces de sostenerse por sí mismas.
Desde el 𝙶𝚛𝚞𝚙𝚘 𝙴𝚍𝚒𝚝𝚘𝚛𝚒𝚊𝚕 𝙴𝚒𝚍𝚘𝚜, esta saga se presenta como el resultado de un proceso literario nacido de manera espontánea, casi irrefrenable. Una obra que no fue concebida inicialmente como una saga, sino que terminó siéndolo porque sus personajes se negaron a desaparecer.
Julián e Ismenia encontraron su lugar en la literatura y, con ellos, Jacqueline Sellan Bodin descubrió que algunas historias no se escriben siguiendo un plan.
Simplemente, continúan.
Y quizá esa sea la verdadera esencia de esta saga: una historia que todavía no sabe exactamente dónde terminará, porque mientras sus personajes tengan algo que recordar, algo que vivir o alguna aventura que emprender, el viaje permanecerá abierto.

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